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UN RAYO ENTRÓ POR LA VENTANA, Por Juan Carlos Gómez

Amigo, mira, la luz de la mañana comienza a asomarse en tu ventana, es como un agua  tibia que viene de tan lejos, ni siquiera se sabe de dónde, ni de cuándo. Si sólo te detienes un minuto y piensas en ese mínimo trozo de luz que apenas se dibuja como un eco trasparente, piensa, antes de ahí, antes de aquí fue una parte de un sol, cruzó por la mitad el viento, por la nubes, por el cielo, la cuidad, el mundo, como bruma de cometa o de mínimo rayo en fuga, en un viaje infinito e instantáneo, núbil, amarillo, que pasó difuminando sombras, que brillo en el ojo de un pájaro suspendido en el tiempo, que clavó algún bosque frío enmarañado, que por calles de pueblos ocultos y desconocidos, entre cerros azules y lagunas pardas. Todo eso y más pasó esa luz que atravesó tu ventana y todo fue por ti, tan solo fue por ti y sólo para ti, para que tú la veas y veas con ella, para que tú veas a otros y otros te vean, para que reconozcas al amigo entre una multitud perdida y que seas, sepas tu rostro frente al espejo y que veas tu sombra entre las hojas, en el suelo del patio y que  sepas que esa luz no es tuya, que se va para los otros, que es para todos y que los demás verán lo que no ves con la misma luz que entró por tu ventana.

¿No es eso magia?

¿No te das cuenta?

¿Esa misma luz no te ilumina?

Si la no ves y la gozas y no vibras con ella y te alegras y te sientes grande de tenerlas, algo se ha quedado en tu mirada que no deja que veas lo que ves para tan solo ver lo que te dejan y ves con los ojos cerrados, imaginas de las cosas tus relojes y dejas a fantasmas que pinten el paisaje del color de costumbre, de tus ganas pendientes, tus anhelos, dejando que un pasado sin estrellas te atraviese cada ojo y andas ciego de visiones y sonidos que ocultan, andas para atrás cada dos pasos que avanzas y sé que estás ahí, detrás de la ventana, acurrucado, pequeño y débil,  mirando como el sol ingresa leve y dulce por tu habitación y no lo sabes, los ojos están vueltos para adentro y las manos son un muro que rodea tu cabeza.

Abre los ojos, amigo, abre las manos, los oídos, los poros, huele el viento helado del otoño y el aroma predilecto de una voz que te ama. Abre sin expectativas, abre sin las ansias tiritando, abre las puertas y las jaulas y deja que se fuguen para siempre las heridas, abre las palabras al aire, abre, no me cierres, abre.

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