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SÉ COMO UN RÍO, Por Juan Carlos Gómez

Se como un río, comienza de la nada, ningún río nació siendo torrente  ni caudal, comienza desde el alma, desde una nube etérea que se condensa un día al calor del un sol amable  que como madre acoge, sé como un río, permite que de a poco, milésima a milésima, se vaya haciendo un  minúsculo arroyo y avanza, comprende desde siempre que jamás habrá de detenerse, el río avanza siempre, está siempre en movimiento y  sólo en el camino se va haciendo fuerte, se va haciendo río, permite que sea el agua la que abra el cauce, no dejes que esté hecho, ni menos que sean otros los que lo modelen y  lo dirijan, que vaya recorriendo los terrenos secos y construyendo su propio camino. Deja que haya veces en que una roca inmensa obligue a rodearla lento, permite que haya veces en que el agua se conduzca por debajo de tupidos y nocturnos bosques, en una oscuridad total, y permite que de ello broten huellas que se te queden para siempre en tu memoria sabia, que de esa oscuridad de bosque, sin saber que habrá allá afuera ni lo que habrá de venir en un  instante, surja en ti la certeza de que nada puede sucederte,  de que el río es siempre río y que donde quiera que vaya se conduce libre y fluye, no importa que sea lo que está por delante, menos importa lo que se queda atrás. Pasa también  por  un desierto amarillo, surca las arenas resquebrajado su hambre y pudiendo apenas subsistir a sus ansias y a las tuyas, pasa ese desierto y déjate absorber para que haya vida y permanecerás siempre, no te dejes secar, siempre habrá alma de río entre tus gotas infinitas, pasa ese desierto y llega hasta la quebrada inmensa, no la temas, no la evites, es imposible que ahora te detengas. Y de un momento a otro, todo dejará de sostenerse y tus aguas caerán sin tregua, no te detengas ni temas, el cauce se hará  más hondo, de esa caída será la profundidad el regalo,  siempre ganarás, en todo cuanto pase.   Sé como un río, no dejes de fluir, no importa como sean las riberas o los fondos, no importa si sean piedras filudas que hacen que tus aguas se arrastren y que a costa de escapar vayan más rápido y el vértigo se adueñe de todo, y que  se lleve los pequeños peces, la raíces y las hojas, no temas que la velocidad de tu caudal arrase, es sólo parte de paisaje que te toca en ese instante, muy pronto cesarán los rápidos y podrás adormecerte en un remanso plácido y verde, a la sombra y al cuidado de una tibia montaña, déjate ahí reposar de tanta prisa y deja que la oscura hondura de tus cuerpos te hagan reconocerte, deja que ese instante sea un sueño que haga falta  y que aún cuando todo parezca así, tan quieto, no deje de fluir tu corriente interna, por debajo de la superficie calma, pero siempre sé un río, no te quedes en un sitio por más cálido o fértil que parezca, tu esencia de ser río es viajar eternamente, es ir siempre abierto a cuanto tenga que venir, pasar entre los bosques con riberas repletas de enjambres de espinas, que aprisionan tu mirada, que despiertan el miedo, pero que nunca pueden detener tu paso, pasa por el borde del abismo, déjate caer en la cascada, sé en un instante ancho  como un mar sin que se vean tus riberas y sé, en otro momento, apenas un delgado hilo al filo del vapor y de la tierra, ya cuando seas río, nada podrá nunca deshacerte, así el sol de fuego te evapore o la tierra absorba hasta tú último aliento, estás en ello intacto y tu viaje estará vivo en cada gota de tu cuerpo y en cada átomo de cada gota y en cada molécula de cada átomo y en cada indefinible parte de cada molécula, porque al ser río estarás siendo la misma esencia de la vida, la vida que es un río siempre, el cielo que es un río, el universo, la galaxia y todo el infinito cosmos.

Sé un río también por lo que haces, porque riegas las verduras que podrán alimentar a tantos, porque serás hogar de peces y de de seres que necesitan de ti, porque haces con tu ruido que se sienta un temblor de la piel, de que la robes. Porque lavas las riberas de  tristezas o de historias que ha de llevárselas el río para que en el agua se transformen y sean humus, útil a la tierra en un lugar lejano.  Porque puedas, en un arrebato inusitado, arrasar con un momento o un espacio que necesitaba de ti la fuerza, para estar puesto en la marcha de la vida. Sé ese río que habla de fluir, que enseña que nada ha de quedarse detenido, que lo de hoy ya no será mañana, y que aunque vivas en  el medio de un río, jamás será la misma agua la que rodee tu cuerpo, deja que el río entre hasta el fondo de tu piel, que se haga huesos, que se haga cada uno de los órganos del cuerpo, para que todo fluya, para que nada se detenga y para que jamás haya miedo de que algo cambie o de que algo deje de ser tal y como era. Mira, como el río, hacia tus costados y observa como todo ese paisaje,  por parejo que parezca o por quieto que simule estar, no deja nunca de moverse, no es nunca, nunca el mismo, porque tú te mueves, porque nunca más volverás a pasar por ese sitio y porque nunca tú serás el mismo, frente de ese espectáculo que en su esencia también cambia constante, varía sólo por su propia consistencia, mientras más la densidad, más lento, pero si tú eres río de una densidad inexistente, si no te dejas que  seas sólido, porque es un esfuerzo inútil, innecesario y ajeno a tu propia esencia, sí tú te asumes río en esta vida y vas por toda la tierra siempre río, siempre agua, siempre vivo, estarás libre, sólo serás, eternamente, nunca un río se podrá encerrar en un estanque, porque de no fluir no será río, nunca un río se quedará en el lago, porque aunque así parezca, será el sol o será el viento o las aves o la lluvia las que seguirán haciendo del agua,  lo que no se queda, así como se va el agua entre los dedos, así la vida  fluye sin poder atraparla.

Y después, cuando tu río se haga hondo y avance lentamente en una anchura inmensa, hacia un mar de aguas infinitas, podrás llegar al punto de entregarlo todo, de perder incluso tu propia identidad de río y ser una misma esencia con todos los ríos de la tierra, para desde ese mar inmenso, inconmensurable en su profundidad y en toda su potencia e indescifrable conducta, volverás a ser el alma que se eleva, se evapora y otra vez empieza, sin más recuerdo que las huellas de sus pasos, en otro punto en que el cielo deje que descienda tu esencia y seas un río nuevo en otra tierra.

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