La realidad es como un espejo.
Sólo puedo ver lo que reflejo.
Sólo puedo reflejar lo que veo.
Y a veces reflejar lo que no veo
La realidad es como mi espejo.
Si sólo me dedico a verla con detenimiento, podré verme mucho más yo mismo.
Aparecen por los lados, por el frente y por atrás, por abajo, por arriba, muchísimas cosas y personas y hechos y sólo veo algunos, los que puedo ver.
Sólo puedo ver lo que es mío, sólo puedo ver lo que ya tengo.
Son muchas más las cosas que suceden y que no veo, que no puedo ver, no existen para mí, no las tengo.
La realidad es una proyección de mis pasados, de todo lo que guardo en la memoria y puedo recordar en cuanto veo.
Si acaso pudiera verlo todo podría enloquecer o hacer un shock en un segundo.
Tan sólo puedo ver del color que veo.
Si acaso lo que veo no es de ese color que veo, puedo no verlo, y si de verlo no será atractivo, menos aún significado.
Si acaso ese color es de dolor serán las dolorosas situaciones las que me abrirán la puerta y me pasearán por calles repletas de dolor.
Si acaso es de rencor.
Si acaso es de abandono yo mismo abandonaré cuanto se pueda asemejar a mí en un mínimo momento.
No existe realidad en la que yo no entre, no entra la realidad sin mí y todo cuanto entra pasa a través de mí y de mí es una forma, es un color, es un sonido, es una piel que se remece o no ante cuanto sucede.
A veces se hace luz la luz que tengo en mí, a veces es mi oscuridad el imán que atrae oscuridades.
No existe ninguna realidad sin mí, si existe no existe para mí, no existe aquí.
Me puedo sumergir en otras realidades ajenas y hacerlas persistir por algún rato en mí, pero aun así será distinta al ajeno personaje que me invita y seguirá la realidad dependiendo de mí.
Los negros vendavales que asolan otras zonas que ni siquiera conozco solo me hacen eco en alguna de las formas o palabras con se parecen a mí, puede ser lo negro, el vendaval, el asolamiento, quizás si la raíz de soledad adentro de asolan.
De todo lo que existe, no existe para mí aquello que no tengo.
De todo lo que existe, existe sólo si lo tengo, aunque sea en memorias escondidas que no sé decir.
La realidad es un espejo que me refleja a mí, la realidad es el reflejo de todo lo que tengo y soy capaz de ver.
Si acaso veo más es porque las mil asociaciones gatillan sentido a lo que nunca vi y de una u otra forma existen para mí.
Así un animal desconocido o un extraterrestre existen, es porque de alguna asociativa manera recuerdan o gatillan algo que sí reconozco de mí.
Así un sonido inaudito puede serme un eco, porque de alguna manera se asocia a algo que sí sé.
Si acaso se pudiera reconocer la realidad como una entidad real, independiente de mí, sería que yo y todos los demás habríamos dejado cuanto velo recubre los sentidos y en la forma original nos volviéramos a ver.
Si así las cosas, ¿cómo nos llegaríamos a entender?
Solo en el respeto y en la suma, jamás en la ilegitimidad de la mirada del otro y nunca en el restar la parte de la realidad que aporta el otro o la mía.
No siempre la opresión, la negación y la resta vienen desde afuera.
A veces el color de la mirada no sólo es un color, también es un filtro pretencioso que pretende decidir cuánto es posible ver.
A veces es un deber, una religión, una doctrina, una ideología que dicta qué hay que ver, qué hay que negar y qué que se vea no es o qué que no se vea tiene la obligación de ser.
Mirar y obtener la información sólo es la puerta, entrar la información por mí es una comprensión y es mía y quizás si mañana sea otra, aunque sí sé que no es la misma que fue ayer.
¿Será relativismo?
¿Será subjetivismo?
¿Será individualismo?
El solo sentido de las tres palabras ya tendrá una sensación especial para cada uno y habrá de despertar determinadas emociones además.
Entonces sí será.
No creo que sea malo que me asuma relativo, subjetivo e individuo, no creo que sea posible no hacerlo.
Creo que es necesario y que sólo desde ahí me puedo abrir a los demás, al relativismo, al subjetivismo y a la individualidad de los demás.
Tal vez en ese punto y en la suma podamos conformar la realidad.
Tal vez ahí comience a existir la verdadera realidad y que la verdadera realidad sea la totalidad de las realidades individuales, subjetivas y relativas de todos, sin negarlas, ni ensañarse quitándoles la existencia.
Toda realidad es legítima si detrás de ella hay un ser que la sustenta, el que tan solo por ser es todo.
Andar pateando realidades porque no son al no caber en la mía, es una negación que no alimenta y que no permite que la situación se revierta.
Revertir la situación actual es asumir que la realidad es una creación colectiva en la que todos los reinos participan.
Si apenas puedo permitir la realidad de mis congéneres, cómo podría suponer que hay una realidad del árbol del pájaro que se detiene en él y del viento que acarrea las hojas y las semillas hacia otra red.



