Te invitamos a escuchar nuestro podcast en Spotify

LA BÚSQUEDA, Por Juan Carlos Gómez

Cuando casi sé que no es posible, te escribo más y más te llamo, cuando ya casi sé que no me escuchas, te grito más, o más bien, más grita mi alma, y cuando ya sé, definitivamente, que a pesar de lo tan poco que pude saber de ti, aun así prefiero seguir esperándote a que irme de esta esquina, por la que ya no pasarás, y despedirte para siempre de mi vida.

Así las cosas la gente me mira desarrapado, ingenuo, famélico y payaso hace tanto tiempo en esta esquina, mirándote venir desde lo invisible, secándose en mis manos un ramo inexistente de camelias o de yuyos amarillos o de pétalos arrugados de papel que quiero tenerte apenas aparezcas o desaparezcas sin siempre.

Si tuviera que irme de esta espera, qué más podría ser de mí, si tuviera que borrarte de mis ansias, qué más podría hacerme venir cada mañana hasta aquí y hasta mí, qué más puede tornarse el objetivo lindo de saberse necesario y grande para alguien en esta soledad sin ti.

Tenerte entre mis respiraciones cada día es la única razón de estar aquí, saber que ríes de mis juegos es el único sonido que quiero repetir como un eco, saber que me esperas con sorpresas es la única expectativa que permanece intacta hasta que sucede el milagro de tu luz.

Me miro en el espejo antes de partir a verte y cuando  observo mis bigotes y mi frente sé que son sólo para ti, que tú te reirás de mis adornos y mis pies  desenfundados de abrigo, desnudos en el suelo para sentirte venir desde lo lejos en que quizás estés.

Sombrero de papeles y de cintas de regalo, un guante recortado de visillo, el anillo con que aguardo tu entrega, las cartas que te he escrito hace años en papeles que me roba el viento por la tarde, cuando al oscurecerse la  esperanza y los dejo que te lleguen por el aire.

Después de tanto tiempo en esta esquina, abriendo dimensiones para que vuelvas a manifestar tu aroma, ya todos me conocen y me traen mandarinas y manzanas azules y me hablan de tus ojos infinitos, de tu pelo iridiscente que no creen posible, pero yo los convenzo, de tanto hablar de ti a veces vienen a esperar conmigo y sé de algunos que te aman en secreto sabiendo que de todas lo que existe, eres lo más hada, lo más nieve, lo más agua cristalina, lo más tenue, lo más fino, lo más puro de mí y de cada uno y sé que ya te admiran, que hacen en vitrinas los retratos que yo les dibujé con mis palabras y que a veces te celebran como un rayo que hace brillos en la sórdida vejez de la esperanza.

Yo sé que algún día ya no vendré hasta esta esquina, tal vez sea posible cuando ya seas de seda y en todo viento te muevas, cuando ya seas celeste y todo el día me cubras y cuando ya seas silencio y todo el mundo calle para oírte susurrar sin nombre.

Después seas  un bosque, en todo el mar, en las montañas, en el cosmos infinito en que te mire desde aquí sin mi sombrero y ya no vengas, estés, tan sólo estés en cada aire, en todo baile de las hojas en los árboles, en cuanto suene con tu nombre y ya no  faltes, nunca más me faltes.

El Ingenio, 8 de febrero de 2014

También te podría interesar