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EL HÁBITO NO HACE AL MONJE, Por Juan Carlos Gómez

Hay cursos y talleres y retiros y meditaciones y experiencias que parecen validarse por sí mismas, que bastaría con hacerlas en cualquier parte y con cualquier persona y habrían de concluir en lo mismo, pero definitivamente creo que no es así, que el famoso refrán de que “el hábito no hace al monje”, no sólo se refiere a la indumentaria o a los pasos establecidos de un método o los materiales o implementos que se utilicen en el proceso.

El refrán se refiere más a la persona que va por debajo de todo lo material o la estructura con que se pueda hacer algo.

Por años he tenido guardada en mi memoria mi pasada, como profesor, por una escuela católica en que dos monjas directoras de la misma congregación y con idéntica formación, mantuvieron dos líneas diametralmente opuestas.

Por eso mismo es que pienso que toda actividad en que participemos o nos involucremos, pasa primordialmente por la persona que la imparte, más que por el contenido mismo de lo entregado.

No es el rol, no es el estatus, no es el uniforme, no es el grado académico, no es la sapiencia, no es el grado ni la jerarquía, es la persona, la persona que va detrás de todo eso y es así como nos podemos maravillar por la exposición de la persona más simple y por la simpleza del más docto de los sabios

Es así como a veces se puede reconocer una diferencia notable entre el contenido intelectual de un exponente y la poca importancia que esto puede tener frente la humanidad de otro exponente y en el mismo tema

Recuerdo en una ocasión participar de una conferencia de Viktor Frankl, en Chile, la que fue precedida por una charla de un catedrático universitario, por un tiempo aproximado de una hora y media, en la que la exposición presentó tan elevado nivel de conocimiento y referencias, además expresado en un lenguaje tan complejo y erudito, que gran parte de la audiencia optó por esperar pacientemente, a sabiendas que sería como el requisito obligatorio para acceder a lo que después sucedería. Un detalle interesante y no menor es que la exposición del catedrático era en español  y que la de Viktor Frankl, sería en alemán con traductor.

El connotado neurólogo y psiquiatra alemán no hizo más que presentarse físicamente y ya nos conmocionó a todos, comenzó a contar de su experiencia como judío en la  segunda guerra mundial y cómo desde ahí surge su postulado de la logoterapia y nadie se perdió, ni por un segundo, su exposición, nadie tosió, nadie se durmió, nadie se movió de su asiento y todos quedamos con la sensación de que su charla había durado apenas unos minutos.

El contenido puede ser el mismo, pero es la persona que lo expone la que da al contenido una forma y un sentido.

Nada subsiste sin la presencia de un sostenedor y es el sostenedor el que aporta lo propio a lo que sea que sostenga, y es más que una forma, más que una implementación y más que una acabada acumulación de información, es su presencia para que lo expuesto sea vivo en alguien y ese algo sea recibido por quienes y para quienes el exponente ha realizado su trabajo.

“El hábito no hace al monje” no anula al hábito ni niega al monje, pero no los superpone a quien es el humano que sostiene al monje y sostiene el hábito.

Y ésta es una de las reflexiones que me provoca la maravillosa experiencia de varios fines de semana en que realicé y coopere en maestrías de Reiki en las que pude participar, es que no dio lo mismo que sea la maestra Luisa Salas la que lo otorga, la que se juega entera por lo que de corazón cree, no da lo mismo y nunca sería lo que es sin la presencia de Luisa. 

El hábito no hace al monje, hay muchos monjes con variados hábitos, algunos relucientes y costosos, certificados por instituciones internacionales, pero toda esa parafernalia no es ni puede ser la validación sin la presencia de un alguien que de verdad ama lo que hace.

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