Lo que nos ha pasado es que creímos que los volcanes eran atracciones turísticas, que las tormentas eran efectos especiales de una película para ver en un cine 3D, lo que pasa es que creímos que la tierra era de alguien, que USA o alguna otra potencia la iba a manejar de manera que resultara todo según los intereses, para demostrar eso se han hecho varias películas, lo que pasó incluso fue que algunos llegaron a creerse tanto este cuento que dijeron que algunos terremotos eran originados desde allá o desde acá, la cuestión en definitiva fue pensar que ya todo era definitivamente nuestro. Si no mío, por lo menos de alguien como yo, que caminaba en dos pies, comía como yo, aunque no lo mismo, en fin, un humano como yo, no yo, ¡yo cuándo!, pero al fin un representante de la especie que podría salvar así a la especie completa.
Y resulta que no era, resulta que los volcanes no eran para aparecer de fondo en una foto de mi familia, o de marco de alguna presentación en power con un mensaje de Coehlo o del papa de turno, resulta que el mar no era una cancha de recreación con diferentes opciones comerciales, ni la montaña un desafío para lucir ropas deportivas o publicitar bebidas energéticas, resulta que la naturaleza no era una despensa de combustibles energéticos o de riquezas varias, de la cual se podía sacar eternamente para cambiar por billetes y juntarlos en islas, en selvas y/o en guerras. Resulta que la naturaleza era más grande que un hombre, resulta que un árbol podía vivir mil años más que un hombre, que el mar podía adueñarse de un pueblo completo o de una isla repleta de rascacielos y calles de alquitrán en un mínimo de tiempo, resulta que el espacio era mucho más infinito que las especulaciones de NATGEO, y que desde sus infinitas posibilidades, eran infinitas las oportunidades, resulta que de toda la ciencia sobre la naturaleza, la naturaleza era más grande que toda la ciencia, así entonces las cosas, cuando empezaron a moverse las lozas, cuando se cayeron las pantallas gigantes y las puertas de vidrios anti balas de las multi tiendas no se pudieron cerrar, la gente pensó que todo podría ser comunitario o por lo menos de alguien, y cuando el mar se metió varios kilómetros por la tierra no dimos cuenta de que el mar era más grande y más libre y más propietario de todo, y cuando las montañas derribaron sus cimas para liberar cielos de cenizas y torrentes de fuego, recién pudimos vernos espejados y descubrir la pequeñez de nuestros brazos, de nuestras estaturas esmirriadas, de la inutilidad de tantas cosas que se quedaron entre los escombros y después se los llevó el agua o el barro, la inutilidad de las políticas de estado que no sirvieron ni servirán para nada, la inutilidad de la previsión atormentada por el miedo permanente, un miedo producido por lo dueños que creían manejar estos hechos para proteger sus bienes. Y así la tierra se movió con fuerza inusitada y arrastró todos los minúsculos productos como si fueran hojas que se lleva una acequia arrimada a la acera, y así la tierra se movió derribando antenas, rascacielos y templos, arrasó con tiendas, con mansiones, con favelas, se llevó bodegas, se llevó pulseras y cables, se tragó una escuela, toda una biblioteca, un casino exclusivo, siete partes de la carretera, destruyó un mural hecho en la mañana, una mesa con manzanas se dio vuelta, se quebraron los cristales de la empresa, no hubo buses en 10 días, no se bañó nadie, nadie cocinó langostas. De un momento a otro muchos más rezaron y sintieron que había un centro desde el cual ponerse frente a tal inmenso acontecimiento, de un momento a otro las familias se tomaron de las manos y esperaron juntos a que desapareciera todo menos ellos, o que al menos desaparecieran juntos, de repente y por un rato, por cada uno de los ratos que duró alguna manifestación natural de la tierra, o del cielo, o del cosmos, alguien y muchos permanecieron en sus centros, alguien descubrió su centro y quiso estar ahí y ahí quedarse.
Después vino la TV, vinieron los periódicos, los tremendos comentarios, los discursos guardados para ocasiones como éstas, que devolvieron la cordura que se había arrebolado en consciencia, y entonces importaron sólo los daños a la propiedad, importaron las pérdidas materiales, surgieron entonces las formulas de como habríamos de sacrificarnos todos para recuperar la pérdida, así todo pasó rápido y volvieron a brillar las estrellas de neón sobre la tierra, los grandes ciudadanos que cuidarán su estrecha media paz externa, por un solo momento brillaron los gestos solidarios de la gente, las miradas desoladas pero llenas de esencia, las familias arrancadas de sus cedes pero nuevas, desprovistas de las máscaras terrestres y asumidas en la otra dimensión, pero ahí llenó de nuevo la publicidad de las tiendas el vacío que dejó la tormenta, la grieta que nos infirió el sismo, se repartieron productos que abonaron con sus sobras a la reconstrucción del mercado, y la reconstrucción de las almas que había comenzado se volvió a postergar para mañana, así todo volvió a la normalidad, la normalidad que importa, lo demás es un aleteo espiritual que no reembolsa nada, aunque para algunos reembolsa, pero lo importante era que volvieran a funcionar los supermercados, las multitiendas, los aviones comerciales, las carreteras abiertas al mercado, eso era lo importante y eso se hizo rápido, se puede ver como todo ya funciona, otra vez hay luz, la cuentas no se atrasaron, lo mismo con el agua, con el cable, con las matrículas y mensualidades del colegio, todo normal otra vez, las casas derrumbadas de la gente podrán esperar para mañana, lo primeo es lo primero, por un segundo vislumbramos lo primero, pero luego, luego se apagó otra vez, porque es importante que se apague, sólo así subsiste lo que les conviene a quienes son los dueños de todo, ya se encargarán ellos de construirse torres antisísmicas, de construirse refugios subterráneos indestructibles, o submarinos, o en el espacio, para guardar las facturas y las cuentas que se deben, así será posible preservar esta humanidad en débito constante, esta humanidad que subsiste si consume, si no consume el fin del planeta está cerca, y si hay más cataclismos la reconstrucción es tarea de todos, para que no ceje de existir la tarjeta de dinero plástico, el banco, la línea de crédito con la cual cada uno puede reconstruir lo perdido, es más fácil que lo que parece, en realidad es demasiado fácil. Se caen la iglesias, se caen algunos puentes, las casas se hunden en el fondo del mar con todo lo que tienen, incluso con familias completas, se caen las antenas, colapsan los celulares, se caen las torres de alta tensión, se rompen los conductos de agua, pero no se caen los sistemas, las deudas no se las lleva la marejada ni la lava del volcán, no la borran los tornados ni quedan enterradas debajo del rodado, eso no. Y algo grave y catastrófico fue ver a la gente vaciando supermercados, arrasando con lavadoras automáticas y pantallas planas, pensando tal vez que con eso podrían compensar las muertes de sus hijos o de sus vecinos o de algunos campesinos de la costa que ni siquiera conocieron, pero que no tuvieron las suerte de encontrarse en la ciudad con una bodega abierta y poder llevarse a casa cajas con calcetines y hervidores eléctricos.
Así andan las cosas en la patria, así están de urgidos nuestros gobernantes por el bien común, así se ve el país reconstruido, allí están otra vez los redbank que se llevó la corriente o la gente, allí hay otra vez liquidaciones de chalecas y de netboock amarillos, allí está de nuevo para todo el último modelo de ferrari para algún futbolista con suerte, allí otra vez la TV con la farándula, allí otra vez lo estudiantes dando la cara por todos los que enmudecieron con plagas de tarifas y cobros que no tienen a nadie que pueda ni quiera exterminarlas, allí otra vez el país en sus trajines políticos, con ministros que van con la bolsa del pan al almacén para apoyar a la señora que acaba de perder a su marido, allí el ministro que abraza a la madre de la menor abusada, pero que no hará nada más que eso, que se verá por la tele con los zapatos con barro, pero que no hará lo que debe en su función social y no paternalista, allí otra vez los estudiantes, sacrificando incluso su propio tiempo, sobretodo en un país en que todo va contra el tiempo, en que cada minuto que se pierde es una cantidad de dinero y son puntos menos en la suma total del año, en que todo es pérdida en dinero, son millones en roturas de cosas, son millones en subvenciones, son millones y millones, millones que nunca vemos ni veremos tampoco, salvo alguna estrella fugaz que gastará un ciento de millones en algo que ni siquiera conoce, en esta danza de los millones que pesan como amenazas para todos, sólo algunos los ven, sólo algunos los gozan, los ganan, los gastan, los acumulan para su vejez, pero para nosotros sólo son amenazas, sólo son fantasmas que nos atraparán algún día cuando ya sea tarde, y de todas las vidas que se llevó el terremoto, la otra cantidad que se llevó el tsunami, la otra cantidad que se llevó el incendio, la enfermedad, la pobreza, el crimen estatuido como norma del comercio, la otra cantidad que se llevó la quiebra, la pérdida, el barco que se lo tragó la mar, los que se llevó el viento, los que fueron desintegrados por la lava, todos ellos serán imágenes muy buenas para promocionar a las ciudades ajenas y serenas ante tanta muerte, serán imágenes para obligarnos a comprar algo que habrán inventado para salvarse, serán imágenes para despertar la solidaridad de quien no tiene y pagarlas por los que lo tienen todo, y así las cosas, el país más rico de América vende incluso su alma, vende toda su tierra, sus ancestros, su vida, todo se vende señores, es la era del negocio, no importa si mañana no hay nada, mañana veremos donde compramos un mañana, ya alguien por ahí lo está fabricando, todo a la venta señores, menos la moral, menos la moral, nada de matrimonios homosexuales, nada de aborto, nada de campañas de prevención con preservativos, nada de sexo explícito, nada de ofensas a la iglesia, nada de orines en las estatuas sagradas, pero todo se vende, incluso la estatua, incluso la sexualidad virgen de las niñas desesperadas, incluso las conciencias deprimidas de los jóvenes suicidas, incluso las armas de los narcotraficantes y las de la policía, incluso la salud de quien la necesita, incluso la vida, todo se vende señoras y señores, chile es un gran mercado persa atendido por su propios dueños, todos los que estamos adentro somos parte del mercado, hay partes que se venden con nosotros adentro y otras en que si el cliente quiere pueden a todos sacarnos, así de simple, a esta hora de la vida lo que importa es el macro, a quien lo importa lo nuestro y mientras la naturaleza nos da señales y señales para devolvernos al centro, más se agigantan los rascacielos de espejo, más campañas se hacen, más se consagran las almas a la soledad de un sagrario y a los que vayan les hablan, los que no van ya no tienen y como ya no tienen alma, entonces también se venden.



